Argentina y la industria del litio: participando en toda la cadena de valor / Argentina and the lithium industry: participating in the entire value chain

La transición energética se encuentra en el centro de las acciones de los países más desarrollados. Una transición que se realiza incrementando la contribución de las energías limpias, mayormente solar y eólica, a la matriz energética y con el avance sostenido de la electromovilidad.

Ambos segmentos precisan de la capacidad de almacenar la energía eléctrica y brindarla en el momento adecuado. Al respecto, la batería de ion litio se constituye en la tecnología clave.

El litio se halla en rocas, arcillas o salares, pero estos últimos tienen amplías ventajas ambientales y económicas para su explotación sobre las primeras. Los salares, ubicados mayormente en el llamado triángulo del litio (Argentina, Chile y Bolivia), contienen el 56% de los recursos mundiales, de los cuales Argentina posee el 40%.

Se estima que Argentina tiene el 22% de los recursos del planeta. La división del trabajo en la cadena de valor del litio está bien diferenciada: los países especializados en extraer y producir compuestos de litio, entre los que se encuentran Argentina y Chile, y los que se han especializado en su industrialización, la producción de materiales activos, celdas y baterías de iones de litio, como China y en menor medida Japón y Corea del Sur.

Un tercer grupo, integrado por la Unión Europea y Estados Unidos, trata de posicionarse en este último segmento.

La competencia por industrializar el litio explica la avidez de estos países para asegurarse porciones crecientes del recurso que posee la región de la Puna argentina.

Argentina, cuarto productor mundial en toneladas (tn) de carbonato de litio equivalente (LCE), exportó 37.000 tn en 2022 a China (43%), Japón (29%), Corea del Sur (14%) y Estados Unidos (10%). La expansión de la actividad extractiva, tres emprendimientos en producción, quince proyectos en expansión/construcción y otros veinte en exploración avanzada, la mayoría de empresas extranjeras, permitirá incrementar la producción a 60.000 tn de LCE en 2023, a 80.000 tn en 2024 para alcanzar en 2025 y 2030 las 200.000 tn y 400.000 tn, respectivamente.

En este marco ¿aceptaremos repetir el rol que históricamente cumple América Latina de ser un proveedor de insumos o bien buscaremos desarrollar las capacidades para participar en la cadena de valor del litio?

Algunos sectores plantean objeciones a industrializar el litio. Presentan falsas disyuntivas: «Priorizar las inversiones mineras privadas para aprovechar el boom exportador versus promover el desarrollo de la cadena de valor por parte del Estado». Un absurdo. Bien se puede exportar carbonato de litio e industrializar una parte del mismo desarrollando las capacidades industriales locales.

Otros argumentan que la tecnología del litio tiene una ventana de tiempo muy limitada porque será sustituida por otras. Según ellos, debemos extraer nuestro litio lo más rápido posible y venderlo al exterior para obtener las divisas que tanto necesitamos. Una idea que se contradice con la fabulosa inversión que se realiza en los países del Norte en la construcción de gigafactorías para producir baterías de ion litio, señal de que esta tecnología será usada por décadas. Más importante aún, las tecnologías alternativas poseen un grado de desarrollo muy incipiente y, en muchos casos, de ser exitosas, serían complementarias a la de ion litio.

El tercer argumento es más débil. Argentina no tiene el desarrollo científico-tecnológico para producirlas. La próxima inauguración de la planta de fabricación de celdas de baterías de ion litio de Y-TEC (YPF-CONICET) y de la Universidad de La Plata, y los avances en la implementación de la fábrica que construye Santiago del Estero desmienten esta afirmación.

Estos argumentos son funcionales a los intereses de aquellos países cuyo objetivo explícito es asegurar la provisión de litio para sus industrias, en particular para la producción de vehículos eléctricos. Nosotros construimos otra alternativa: ser proveedores del litio a nivel global pero también industrializar una parte del insumo a partir de empresas del estado o empresas con mayoría estatal como YPF, asociadas con empresas privadas nacionales o extranjeras, con el objetivo de situar a la Argentina como un proveedor clave de materiales de electrodo, celdas y baterías de la región. Y que este proceso impacte positivamente en las economías de las provincias, dueñas del recurso. La producción del material del cátodo litio hierro fosfato en Catamarca en gran escala es un ejemplo de un proyecto desafiante pero posible.

En conclusión, es el momento de sentarnos a discutir en el terreno internacional nuestro rol en la industria del litio desde la posición de que somos los dueños del recurso y tener la decisión política de participar en toda la cadena de agregado de valor. Y en esta negociación es clave la participación coordinada del Estado Nacional y de los Estados provinciales.

Autor: Roberto Salvarezza ,Presidente del Directorio de Y-TEC e YPF Litio.(Argentina)

The energy transition is at the center of the actions of the most developed countries. This transition is being carried out by increasing the contribution of clean energies, mainly solar and wind, to the energy matrix and with the sustained advance of electromobility.

Both segments require the capacity to store electric energy and provide it at the right time. In this respect, the lithium-ion battery is the key technology.

Lithium can be found in rocks, clays or salt flats, but the latter have many environmental and economic advantages over the former. The salt flats, located mostly in the so-called lithium triangle (Argentina, Chile and Bolivia), contain 56% of the world’s resources, of which Argentina owns 40%.

It is estimated that Argentina has 22% of the planet’s resources. The division of labor in the lithium value chain is well differentiated: countries specialized in extracting and producing lithium compounds, among which are Argentina and Chile, and those that have specialized in its industrialization, the production of active materials, cells and lithium-ion batteries, such as China and, to a lesser extent, Japan and South Korea.

A third group, made up of the European Union and the United States, is trying to position itself in this last segment.

The competition to industrialize lithium explains the eagerness of these countries to secure increasing portions of the resource that the Puna region in Argentina possesses.

Argentina, the world’s fourth largest producer in tons (tn) of lithium carbonate equivalent (LCE), exported 37,000 tn in 2022 to China (43%), Japan (29%), South Korea (14%) and the United States (10%). The expansion of the extractive activity, three ventures in production, fifteen projects in expansion/construction and another twenty in advanced exploration, most of them owned by foreign companies, will allow increasing production to 60,000 tn of LCE in 2023, to 80,000 tn in 2024 to reach 200,000 tn and 400,000 tn in 2025 and 2030, respectively.

In this context, will we accept to repeat the role historically played by Latin America as an input supplier or will we seek to develop the capacity to participate in the lithium value chain?

Some sectors raise objections to industrializing lithium. They present false dilemmas: “Prioritizing private mining investments to take advantage of the export boom versus promoting the development of the value chain by the State”. An absurdity. It is possible to export lithium carbonate and industrialize part of it by developing local industrial capacities.

Others argue that lithium technology has a very limited time window because it will be replaced by others. According to them, we must extract our lithium as quickly as possible and sell it abroad to obtain the foreign currency we need so much. An idea that contradicts the fabulous investment being made in the countries of the North in the construction of gigafactories to produce lithium ion batteries, a sign that this technology will be used for decades. More importantly, alternative technologies are at a very early stage of development and, in many cases, if successful, would be complementary to lithium ion.

The third argument is weaker. Argentina does not have the scientific and technological development to produce them. The forthcoming inauguration of the lithium ion battery cell manufacturing plant of Y-TEC (YPF-CONICET) and the University of La Plata, and the progress in the implementation of the factory being built by Santiago del Estero refute this assertion.

These arguments are functional to the interests of those countries whose explicit objective is to ensure the supply of lithium for their industries, particularly for the production of electric vehicles. We build another alternative: to be lithium suppliers at a global level but also to industrialize a part of the input from state-owned companies or companies with state majority such as YPF, associated with national or foreign private companies, with the aim of positioning Argentina as a key supplier of electrode materials, cells and batteries in the region. And that this process has a positive impact on the economies of the provinces, owners of the resource. The large-scale production of lithium iron phosphate cathode material in Catamarca is an example of a challenging but possible project.

In conclusion, it is time to sit down to discuss in the international arena our role in the lithium industry from the position that we are the owners of the resource and to have the political decision to participate in the whole value-added chain. And in this negotiation the coordinated participation of the National and Provincial States is key.

Author: Roberto Salvarezza ,Chairman of the Board of Directors of Y-TEC and YPF Lithium.